EL BULLYING QUE SUFRIMOS HACE DÉCADAS

¿Qué pasa con el bullying que se sufrió hace años? ¿Se superó o continuó haciendo daño a las personas que lo sufrieron? La, repetida llegada de clientes a mi consulta con una historia de bullying en su adolescencia, me hace pensar.

Estamos acostumbrados a considerar el bullying como un episodio de acoso en infancia y adolescencia y punto. Actualmente somos conscientes colectivamente de ello, tenemos una palabra  que lo designa, y un amplio movimiento social para detectarlo y, si somos optimistas, pararlo. Cuando Las personas que acuden a mi consulta lo sufrieron, no había nada de esto.

Si he visto algo en común en todos ellos, es el silencio con el que lo sufrieron y lo han mantenido, aunque no olvidado.

 El mencionarlo en casa, en los casos en que se hizo en aquel tiempo, tenía varias salidas. Frecuentemente le quitaban importancia con un: “así es la vida”, “a mi también me pasaba” o “dile tu que el doble”.

No entraré aquí en el tema de las historias de abuso sexual, en las que los padres, en los raros casos en que se comentaron, podrían responder con un: “tienes mucha fantasía”. En ambos casos, ha dominado el silencio. Pero con el silencio con el que a veces se quiere negar y hasta olvidar lo que pasó, no desaparece. Crece,  ha crecido,  creando un fondo de vergüenza e infravaloración que ha condicionado la vida muchas décadas después. Vivir en soledad afrentas graves produce un daño que secuestra mucha felicidad y desarrollo.

En algunas personas, he visto que se quedan en cierto modo estancadas en esa fase. Es como si algo en ellos esperase ser resuelto antes de seguir madurando y alcanzando las siguientes etapas que tiene la vida.

Hace veinte años éramos mucho menos sofisticados psicológicamente como sociedad. Hace veinte años se hablaba mucho menos de emociones, no existían palabras como mobbing, bullying, anorexia, bulimia, adicciones sin tóxico, la pederastia era algo de cuatro de monstruos extraños, la depresión era una enfermedad rara y escasa, no se nos ocurría que lo estuviera el abuelo que no quería salir de la cama en todo el día, etc.

Hoy, por fortuna, vemos un abordaje de lo emocional hasta en los medios de comunicación. Se publican y leen muchas cosas de divulgación sobre el tema. Hoy las personas que sufrieron entonces, pueden entender mejor y saben que son escuchadas. Tienen un montón de información para poder reinterpretar más adecuadamente lo que les pasó y buscar recursos. La gran pregunta es si buscan ahora por esta sensibilización social, o porque su fuerza interior ya se lo permite. Sigo rozando el tema paralelo de los abusos sexuales. En éste parece una combinación de los dos factores: la fuerza personal que los años aportan para hablar y el destape de otros casos y personas que lo sufrieron. En ambos casos,  siempre quedan muros de silencio y vergüenza por vencer, para empezar a desatar aquellos nudos. Que no es poco.

Si algo crece y crece en mi, a lo largo de mi recorrido de trabajo con personas, es la admiración acerca de la enorme sensibilidad que tenemos los humanos. El precio son las profundas heridas emocionales que podemos padecer.  También veo la frecuente negación de esto, tal vez en un intento de atajar problemas y meterlos bajo la alfombra. Algo que también cuesta creer, es la gran capacidad de encontrar soluciones por nosotros mismos y, en muchos casos resolver aquellos traumas y seguir creciendo.

 GREGORIO ARMAÑANZAS ROS
Médico – Psiquiatra
Colegiado nº 2428
Tel.: 948276301

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