Un sociodrama de nuestros fantasmas

INTRODUCCIÓN DE CONTEXTO

El presente sociodrama(1) se realizó dentro del taller “Transmisión transgeneracional de conflictos: la conspiración del silencio” que coordiné durante los días 31 de enero y 1 de febrero de 2014, en la Casa de la Paz, Palacio de Aiete. Estaba organizado por OME-AEN (Osasun Mental Elkartea- Asociación Española de Neuropsiquiatría) y el colectivo OSALDE. El grupo estaba integrado por treinta y cuatro personas de diferentes entornos: salud, psicología, trabajo social, asociaciones de paz, educación, etc. Algunos participantes venían en calidad de ciudadanos sin una adscripción profesional. Este taller tenía por objetivo explorar la transmisión generacional de conflictos violentos como al Guerra Civil y ETA.

El Palacio de Aiete es una construcción ubicada en una colina sobre S. Sebastián en medio de un amplio jardín. Fue construido en 1873 y ha alojado a diversas personalidades: Alfonso XII, Alfonso III, Isabel II, etc. Tiene el aspecto de un palacete francés. Lo más notorio actualmente en la comunidad es que era la residencia de verano de Francisco Franco.

 Desde que se decidió el local, los organizadores teníamos muy presente este elemento simbólico. Yo como coordinador, imaginaba los fantasmas de la historia que flotarían por el lugar. Durante mi estancia en Sn Sebastián, pregunté informalmente a las personas de allí si había alguna leyenda urbana sobre el lugar. Alguien me comentó que se hablaba del fantasma de una mujer del servicio que andaba por la zona del personal de servicio.  Pregunté antes del taller el uso que había tenido la sala, sin obtener respuesta. Eso ayudó a que todos proyectáramos en la sala lo que nuestra imaginación creara. Fue después del taller que supimos que la sala había sido dedicada a recepciones y tal vez baile.

El palacio actualmente se llama la Casa de la Paz. En los jardines del exterior hay una escultura en acero cortén en la cual están vaciados los números de los años que van desde que el dictador Franco dio el golpe militar (1936) hasta el año de su muerte (1975). La entrada principal del palacio tiene unas escalinatas flanqueadas por las esculturas de dos perros que entreabren la boca, amenazantes.

La sala tiene unos 80 m2 y se llama actualmente Sala Gandhi. Tiene tres de sus paredes ocupadas por enormes ventanas que dan a los jardines. En la pared están colgados cuatro grandes carteles con la Declaración Universal de los Derechos Humanos en euskera, castellano, francés e inglés.

A lo largo del taller habían aparecido preguntas acerca del uso de la sala.

Había terminado la sesión de cuatro horas del día anterior invitándoles a tener sueños esa noche y traerlos al grupo si les parecía adecuado.

Entre los sueños que se relataron estaba uno con unas cabezas flotando y otro sobre una casa.

Todo me llevaba a proponer un sociodrama acerca de alguna escena que en la sala se hubiera desarrollado en otros tiempos. Utilicé la imagen del túnel del tiempo y de los fantasmas que quedan del pasado superpuestos al presente, para facilitar la proyección de una escena grupal y también colectiva (en el sentido de que lo que el grupo creara sería también una representación del colectivo social).

Propuse al grupo, en forma de elección sociogramática(2), que sugiriera una escena que allí se hubiera dado. Las dos más votadas fueron casi la misma: en una estaba Franco despachando con los funcionarios serviles (“pelotas”) y en otra, se añadía la presencia de los nietos.

Representaríamos la escena de Franco despachando con un ministro, con dos nietos entrando en el despacho.

Pedí al grupo voluntarios para representar a Franco. No hubo respuesta del grupo en un principio. El desafío de entrar en rol de un tirano en un grupo que ha sufrido sus efectos, es grande. La tendencia habitual es la de hacer una caricatura para mofarse de él. Eso se aleja de la pauta del psicodrama y sociodrama en la cual el que representa el rol debe entrar en cómo el personaje se ve a sí mismo. Tanto quien adoptó el rol como el público de la escena ofrecieron resistencias mediante la risa y el humor. En esta experiencia se logró mantener el rol en la representación de Franco pero el público a veces intervenía con risas que rompían de alguna manera, la norma de que solo habla la escena y pudieron funcionar como defensas contra la vivencia más profunda. Estábamos tratando de acercarnos a una escena que considero muy presente socialmente pero desde la caricatura y los estereotipos. El sociodrama podría aportarnos la visión mas profunda en base al entorno de seguridad que se crea en el grupo.

La escena de Franco firmando edictos de muerte es una escena que siento muy imaginada en el colectivo. Es una concretización de una pregunta más básica que me he hecho muchas veces y he tratado de responder: ¿Cómo un ser humano puede llegar a matar a otro ser humano?

El grupo se acercó a esa escena pero no imaginó a Franco firmando sentencias de muerte, lo puso firmando edictos para construir pantanos. El tema apareció pero se dijo que entre los temas a firmar ese día que le llevaba el ministro, no estaba ninguna sentencia de muerte. Tal vez el grupo no estaba para afrontar esa escena. Tal vez yo como coordinador podría haber empujado a ello. Es a posteriori que estoy considerando esta posibilidad. Por otro lado, es bueno dejar al grupo decidir su ritmo de implicación.

 Viendo la resistencia a la asunción del rol de Franco en el grupo, pasé a pedir un voluntario para representar al primer ministro. Un joven se ofreció voluntario. Le dimos un caldeamiento del rol con varios emergentes del grupo. Se presentaba un ministro de mediana edad con ganas de sacar ventaja personal de su posición, manipulador y con mucho miedo a la figura de Franco. Temía encontrarse con un dictador iracundo que le pusiera en riesgo. Era también consciente de su propio poder com ministro y de las ventajas de su posición.

Posteriormente, dos mujeres se ofrecieron para representar el rol de Franco. Acepté a las dos para representarlo. Uno de los roles, al que llamaré Franco 1 se presentaba como vocacionado a arrancar del país a un demonio, un cáncer, representado en los rojos y republicanos. Se sentía un salvador de lo bueno. Se presentaba sereno y tranquilo, poderoso y seguro. El otro, al que llamaré Franco 2, se sentía pequeño, inseguro y débil. Se me planteó la cuestión de si el personaje de Franco 2 era consciente para el Franco 1. Tenía que valorar si era coherente que Franco 1 fuera consciente del Franco 2 o en qué medida el Franco 2 era producto de un análisis externo del grupo que no correspondía a como el personaje se vivía a sí mismo.

Decidí poner a Franco 2 detrás de Franco 1 representando esa parte del dictador que estaba detrás de la fachada de Franco 1. Cuando Franco se sentó en la mesa del despacho para iniciar la escena tras el caldeamiento pensaba haber mantenido a Franco 2 detrás de Franco 1 pero las personas que los representaban no lo hicieron así y se sentaron ambas a la par en la mesa, Franco 1 a la izquierda de Franco 2. Yo no lo cambié. Puede deberse a una resistencia a profundizar en el rol de Franco 1 poniéndole a un Franco 2 que podría ser una crítica del grupo, un ataque velado a Franco 1. Estas son elaboraciones posteriores, consecuencia de la distancia reflexiva que ahora puedo hacer. Si lo hubiera evaluado así en el momento, hubiera tomado otros derroteros.

Los nietos de Franco estuvieron representados como un niño de 16 años y una niña de 8 años.

La escena se desarrolló con mucha quietud, apenas había acción o movimientos. Me surgía la duda de en qué medida eso se debía a que era la primera escena que ese grupo desarrollaba en el taller, unido a la falta de experiencia en psicodrama de aproximadamente la mitad de los participantes.

Las evocaciones que se dieron de este aspecto en el compartir me dieron otras explicaciones. Se hablaba de sensaciones de detención, de atascamiento, de tristeza, de inmovilidad. Hay que tener en cuenta que con el golpe de Franco a la república, la participación democrática se detuvo más de 40 años en España.

En la escena, Franco firmaba los edictos para la creación de pantanos y otras cosas, aburrido y con el aspecto de ser un funcionario en su rutina. El ministro disfrutaba de su ventaja y su poder.

Los sobrinos buscaban a su abuelo y no lo encontraban. Eran rechazados de una u otra forma. No apareció el abuelo, ser humano, disfrutando de sus nietos como cualquier otro abuelo. ¿Existió ese abuelo tierno detrás del personaje político que firmaba sentencias de muerte “sin que le temblara la mano”? En cualquier caso, el grupo no representó esa posibilidad. Nos podríamos preguntar por qué. Tal vez es demasiado fuerte vivir la contradicción entre el político insensible y el abuelo amante, en la misma persona.

Los nietos jugaban y buscaban a su abuelo. Tal vez representaban a esa parte de ser humano que llamaba a la puerta para que Franco sacara su parte de abuelo amante. Se sentían solos y aburridos, sin amigos. Se planteó la cuestión de que el nieto mayor, con 16 años, tenía que saber en alguna parte de sí mismo, consciente o inconsciente, que su abuelo firmaba sentencias de muerte. Esto puede estar simbolizando a todos los descendientes de los que participaron en ejecuciones y asesinatos. Tal vez, sin habérseles dicho, inconscientemente lo saben y están sufriendo las consecuencias transgeneracionales de esos hechos.

El ministro está representando la corresponsabilidad, más allá de la figura de Franco, de tantas personas que buscaron beneficio propio de tipo promocional y económico.

Franco, aburrido de su trabajo, se muestra con ganas de ir a pescar. También se muestra satisfecho de su poder y del respeto que evoca. Concretamente el Franco 1.

El sociodrama parece acercarse más a una escultura, a una foto detenida en el tiempo.

En el compartir después de la representación di la consigna de que se podría compartir los sentimientos que nos evocaba la escena. Fue bastante general el que los que intervinieron, rompiendo la consigna, trataban de  hablar de la escena, de cómo la veían y cómo veían a los personajes, y evitaban hablar de los sentimientos que esto les evocaba. Aparecieron sentimientos de rabia y tristeza.

No sugerí después, como suelo hacer, evocaciones de escenas personales a las que nos lleva esa escena. Tal vez en esa omisión fui cómplice de la resistencia de grupo a explorar en qué medida esa escena nos podría resultar cercana.

Tras terminar el sociodrama, hicimos un descanso y aprovechamos para hacernos una foto en las escalinatas del palacio, entre los dos perros amenazantes. Me sentí triste y sentí triste al grupo. Lo comenté y  añadí que seguramente se reflejaría en la foto.

Cuando la rabia cede, puede aparecer la tristeza.

 

 

Goyo Armañanzas Ros

Tlf.: 948276301 // 636949385

Email: go@gruposyorganizaciones.com

 

(1) Sociodrama: representación por parte del grupo de una escena del grupo o de la                  colectividad en la cual el grupo se inserta o representa. A diferencia de la escena                psicodramática, en la que el protagonista el una persona que trae su escena, aquí el          protagonista es el grupo.

(2) Sociograma: un conjunto de técnicas para representar de forma espacial y visible              diferentes posiciones, opiniones, vínculos, etc, presentes en el grupo. Una elección              sociogramática consiste en elegir desplazándose hacia la posición preferida, un tema        o escena de las que en el grupo se han planteado.

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