Se puede hablar: Taller sobre la guerra civil española del 36 (Resumen)

 

                Este es el resumen de la experiencia de un taller organizado por la Asociación cultural “Amigos de Casa Usúa” en el pueblo navarro de Arbeiza (176 hab.) Se realizó a lo largo de tres sesiones de dos horas cada una en la primavera de 2016. La asistencia ha oscilado, según los días, entre veinte y treinta y nueve personas. Los participantes pertenecían a tres generaciones: primera generación (hijos de protagonistas de la generación de la Guerra Civil y afectados desde diferentes posiciones en la guerra), segunda y tercera generación (hijos y nietos)

                El objetivo era procesar la experiencia de la Guerra Civil, de forma que se pudiera hablar lo no hablado, y superar las emociones atascadas que hubieran quedado y cerrar el conflicto.

                El taller fue coordinado por Jose Carlos Oroquieta de Amigos de Casa Usúa. Las dos primeras sesiones de carácter más histórico, fueron coordinadas por Rosario Estefanía Pairet Blasco. La tercera sesión más de compartir emociones y vivencias, fue coordinada por Goyo Armañanzas Ros.

Algunos conceptos introductorios aportados:

– El silencio a que había estado sometido este tema y lo seguía estando. El espacio que se abría constituía un intento de superar ese silencio.

– La tristeza y el duelo congelado. Los duelos pendientes de cerrar por muertes que se dieron hace 80 años. La no aparición del cuerpo y la falta de rituales de enterramiento y funerales, son algunas de las razones que hacen que los duelos por las pérdidas no se hayan cerrado.

– La culpa tanto en descendientes de  perpetradores como de descendientes de víctimas. Por parte de los descendientes de víctimas, se da el fenómeno de la culpa propia de todas las víctimas, como es el caso de las víctimas de la violencia de género.

– La rabia, la necesidad de venganza en los familiares de las víctimas. Algo natural y que debe ser respetado.

– El perdón. Un tema muy delicado. Cuando a los descendientes de las víctimas se les dice que deben perdonar como un imperativo moral, o porque si no perdonan van a ser infelices, se está haciendo violencia contra ellos. Se les está presionando psicológicamente y se les está desautorizando lo que sienten. Tienen todo el derecho a sentir lo que sienten y a que eso se respete. El perdón además, no es algo que uno decide hacer racionalmente en un momento dado. El decir: “te perdono”, no resuelve nada. El perdón es algo que le viene a uno en un nivel emocional y no como una decisión racional. No tiene que ver tampoco con que los perpetradores pidan perdón. Algunos familiares dicen que no perdonan porque nadie les ha pedido perdón. Puede que ver el sufrimiento de los descendientes de perpetradores ayude a algunos descendientes de victimas a perdonar, pero eso es algo que está en los descendientes de las víctimas. No dependen más que de ellos mismos para manejar sus sentimientos.

Extracto de algunas de las cosas que se compartieron:

 “Desde el momento en que Goyo se pone a hablar… me voy dando cuenta que si tal vez él ha tenido que escribir la novela entre otras cosas, para elaborar el trauma de su abuelo y otros hacer otras cosas, yo, sin tener remota idea, ahora pienso que he proyectado así estas sesiones para lo mismo, para elaborar el trauma de mi padre (pero no sólo). Y ahí supe que, en algún momento, tendría que hablar… Pero me daban sofocos porque mi padre, queridísimo por mí, aunque murió a mis seis años, fue militar de Franco…

Así que pensaba: “Bueno, diré algo hacia el final…” Pero cuando mi hija, también presente, levantó la mano ¡la segunda! y dijo una palabra que me removió toda: “perpetradores”, levanté la mano a continuación y me salió todo a borbotones, raro, suelto, inconexo, supongo que largo… conté los tres o cuatro recuerdos “de amor” que tengo de él y supongo que del día que murió; quería que supieran de su bondad, de cómo llamó el día 17 de julio a un nacionalista amigo, conocidísimo de Estella, para hacerle su “asistente”, para salvarlo de la muerte, como consiguió… pero sabiendo que en la guerra se mata… y un militar dispara…

Y luego después, viendo a uno de los biznietos de asesinado, amigo de mi hija, también presente, me vino nítida, como una secuencia de imágenes que nacieron en mi cabeza cuando el suegro de mi hija me contó cómo él era un niño de dos/tres años que vivió con su madre el cerco de Bilbao y cómo pudo escapar en el último momento en un barquito, cuando entraban “los nacionales”, y mi padre era uno de los que estaban entrando. De hecho fue herido allí. Eso le valió ir a Estella, como convaleciente y allí conoció a mi madre.

Y me sorprendí infinitamente cuando, sin pensar, junté las manos y pedí perdón, inclinándome ante la persona de enfrente, la abuela Salsamendi (hija de asesinado en la guerra). No sabía que tenía esa necesidad, no sabía que cargaba con la culpa de mi padre, ni de los militares, ni de todas las guerras del mundo. Y me sentí liviana y agradecida como si se hubiera esfumado esa invisible mochila de plomo, de la que no conocía su existencia.

Todo el resto de la sesión estuve un poco “ida”, con esa liviandad y muy feliz porque me daba la impresión de que a muchas personas les estaba pasando lo mismo o parecido. Viví con sorpresa como si se estuviera produciendo una especie de encuentro y sanación colectivos. Los aplausos, los abrazos mutuos y el contenido final así lo mostraban y yo me quedé con ganas de cantar allí mismo algo alegre y muy elevado”.

“También me impresionó el testimonio de una octogenaria huérfana. Como expresó la dureza de su vida cuando fusilaron a su padre y que su madre se quedó viuda con varios hijos. Fue una luchadora que tuvo que sufrir muchas humillaciones: en la iglesia un cura en la misa dijo que había que arrancar de raíz a los que quedaran de los fusilados.

Tengo familiares en ambos bandos. Del bando de los perpetradores no suelo hablar. No me animé a expresar mi experiencia. Por un lado por temor de herir sensibilidades  de un familiar presente. Y por otro porque me avergüenza y me cuesta asumir que tengo un familiar que era un “matón”, que además estaba implicado en mi otro familiar que fue su víctima. Me pregunto cómo me habrán influido estas circunstancias en mi vida al sentir dos fuerzas opuestas de las que no era consciente”.

“En mi casa cuando alguna vez preguntamos a mi padre, y eso que apenas se ha hablado de la guerra, nos decía que él estaba en el bando de los ganadores y eso nos parecía bueno, que estaba bien, y no nos llegábamos a plantear mucho más. Después te vas dando cuenta que, claro, había perdedores también que, además de perder la guerra, fueron represaliados y hubo mucho sufrimiento”

“Algunos eran casi unos niños de 16 y 17 años e iban ¿voluntarios?, ¿obligados?, ¿manipulados? ¿Cómo podían ir voluntariamente hacia la muerte, o a matar? ¿Cómo pueden estar orgullosos unos padres de mandar a un hijo a la muerte?”

” Cuando les preguntábamos: ¿qué se siente al matar, al disparar sobre otras personas?, nos contaban que no sabían dónde estaba el enemigo, que tiraban balas a lo loco ,que ni sabían disparar bien, ni apuntaban, que a veces paraban y se juntaban de los dos lados para hablar, o calentarse, o cenar algo. Cuando lo relataban parecía más un juego que una guerra”.

“Había mucha presión para represaliar fuera del frente. Mi familiar decía: si me obligan a ir a fusilar a alguien, no pienso hacerlo. Antes que matar a alguien así prefiero alistarme a la guerra. Yo no soy ni pienso ser un asesino, me dan ganas de vomitar”.

AGRADECIMIENTOS

                Queremos agradecer  esta experiencia a las personas asistentes, a los coordinadores que colaboraron desinteresadamente y a la organización de este taller por parte de la asociación “Amigos de Casa Usúa de Arbeiza.

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                  Extractado por Rosario Estefanía Payret Blasco, José Carlos Oroquieta  y Gregorio Armañanzas Ros

https://gogruposyorganizaciones.com/2013/01/29/dinamicas-y-conduccion-de-grupos/

https://gogruposyorganizaciones.com/2013/01/29/formacion-en-psicodrama/

 

 

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