¿Abordamos los traumas emocionales que genera la historia?

              ¿Abordamos los traumas emocionales que genera la historia?*

Goyo Armañanzas Ros**

Resumen

La historia con sus guerras y conflictos, genera traumas y sufrimiento emocional que se transforma en patología mental y se transmite a las siguientes generaciones. Este tipo de traumas emocionales con bases históricas (en torno a la Guerra Civil y al terrorismo, por ejemplo) pueden, por su inmediatez política y por su sensibilidad, ser descartados como generadores de patología mental y de sufrimiento. Los hechos históricos traumáticos son sometidos por parte de los que los sufren a conspiraciones de silencio, de forma que tanto los ciudadanos que los sufren como los profesionales que los atienden, tienen un pacto inconsciente de silencio. ¿Hacemos la psiquiatría de la historia?

Introducción

No hace mucho tiempo acudió a mi consulta un paciente que había sido tratada de depresión durante varios años. Había recibido farmacoterapia  y terapia de apoyo con una frecuencia de una sesión mensual aproximadamente, acompañando a la revisión de su medicación. Nunca en ese trabajo se aludió a su historia familiar en la Guerra Civil. Acudió a mi consulta por su conocimiento de mis trabajos acerca de los traumas emocionales que había generado ese hecho histórico. Trabajó el trauma de haber perdido al abuelo asesinado en la Guerra Civil, el duelo no resuelto de su madre y la identificación con esa persona muerta así como la asimilación de los síntomas del duelo congelado de su madre que estaban ocultos, tan ocultos que más bien habría que decir que fue él el que vivió el duelo no elaborado por la madre.

En la misma línea, hace unos días me contactó un hombre que, conocedor de mi trabajo sobre el tema, me comentó que había trabajado en psicoterapia por un tiempo por una depresión y que en ella nunca habían abordado el tema de la muerte de un hermano de su padre en la Guerra Civil y del impacto que esto había tenido en éste. El tío no había sido encontrado ni había ninguna referencia de él.

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*Comunicación presentada dentro de la X Jornadas de Historia de la AEN (Asociación Española de Neuropsiqiatría) OME-AEN. Donostia – San Sebastián, 2015. Pendiente de publicación en su libro de actas.

**Goyo Armañanzas Ros, médico- psiquiatra, grupoanalista y psicodramatista, especializado en trauma trangeneracional.

En estos y otros muchos casos, vemos una doble conspiración de silencio: ni el cliente ni el profesional abordan las pérdidas traumáticas en la Guerra Civil en sus terapias. Los hechos traumáticos tales como guerras son tan amenazantes que la sociedad decide olvidarlos, enterrarlos, borrarlos, sin hacer el sano duelo emocional por las pérdidas. Particularmente si se trata de una Guerra Civil o una situación de terrorismo, en la que vecinos y familiares han estado enfrentados y se han matado unos a otros. Los médicos, psiquiatras y psicólogos, no somos ajenos a estos dictados sociales pues somos parte de esa sociedad y estamos sometidos a las mismas presiones para instaurar el silencio. En este sentido es curioso escuchar los comentarios de algunos terapeutas de fuera de nuestro país que actualmente trabajan aquí. Ellos si hablan con sus pacientes del trauma de la Guerra Civil.

Hay pues, una conspiración de silencio en los terapeutas a la hora de abordar temas que tienen una implicación política a la vez que traumática para los pacientes. Este silencio se constituye en un eficaz mecanismo de transmisión del trauma a través de las generaciones. Esta transmisión puede ser consciente (transmisión intergeneracional) o inconsciente (transmisión transgeneracional). Es esta última la más importante y decisoria. Hemos tenido que beber en las fuentes de colegas e investigadores internacionales que han acuñado estos conceptos en base a los traumas que ha generado la segunda Guerra Mundial. En nuestro país no se ha hablado de esto.

La violencia de ETA y en torno a ETA, es desde el plano emocional, un heredero transgeneracional e intergeneracional del trauma de la Guerra Civil. Tras el fin de esta violencia, podemos imaginar que va a ser sometido a la conspiración de silencio en las consultas los traumas de haber sido de ETA, e ser un policía que ha torturado, de haber sido torturado, de ser un familiar de ETA o de torturador de cualquier tipo. Un colega americano me confesaba como su padre había sido agente secreto que torturó y como eso le había hecho un profundo daño emocional. Una simple anamnesis en las consultas preguntando por antecedentes traumáticos relacionados con la Guerra Civil, con la violencia entorno a ETA, puede abrir un camino. El genopsicograma, o árbol genealógico anotando los hechos reseñables de nuestros ancestros, puede abrir un camino a secretos que ni en la consulta psicoterapéutica son abordados. Parece como si lo sensible del tema en la sociedad, que nos impide preguntar abiertamente eso en el entorno social, lo trasladáramos a la consulta, olvidado que no estamos preguntando por lo mismo, estamos preguntando por el trauma psicológico que ha dejado esa circunstancia. Recuerdo a una colega que comentaba que en Argentina alguien no iba a determinado centro de atención psicológica por sospechar de la adscripción política de los terapeutas. ¿Tendrán los exmiembros de ETA los terapeutas que necesitan? ¿Tendrán los policías que hayan torturado,  los terapeutas que necesitan? Tengo la convicción de que los descendientes de los que asesinaron en la Guerra Civil no han podido trabajar el impacto emocional que muchos, como mi amigo y colega americano, han sufrido. Por dos razones, entre otras. Una: porque no son conscientes de ese trauma transgeneracional. Sus padres o abuelos no les dijeron lo que hicieron en la guerra. Eso puede no haberles librado de efectos emocionales transmitidos en silencio, como en los caso de víctimas que aludo al inicio. Segunda: los terapeutas no tienen esa posibilidad en mente. “No se encuentra lo que no se sospecha” dice un adagio médico. Los terapeutas no exploran.

Entre los fenómenos emocionales que se dan en estas situaciones están: la culpa del superviviente, el síndrome del niño de reemplazo, la culpa en perpetradores y víctimas, el “candle síndrome”, el síndrome del aniversario, el duelo congelado y la transmisión del trauma. Daré algunas pinceladas de un par de aspectos.

Duelo congelado

¿Por qué se prolongan los duelos en este tipo de situaciones? Hablamos de duelos congelados. Por un lado el duelo se encapsula, por otro lado se perpetúa. La no aparición del cuerpo complejiza más ese duelo.

– Encapsulamiento. No se puede compartir el dolor socialmente por la carga política que tiene que lo secuestra de ser un duelo normal. Pasa a ser un hecho político.

– Perpetuación. El duelo es un testimonio de la infamia del enemigo que tiene que seguir doliendo. De deja de doler se vive como una traición al muerto y a la causa. Los grupos sociales pueden presionar para que ese duelo se mantenga abierto. Se pasa a adoptar la identidad de víctima. Vamik Volkan dice que los descendientes tienen tres tares: vengar la afrenta (o devolver la humillación), hacer el duelo y mantener la memoria. Estas dos últimas son dos tareas contradictorias.

– Síndrome del desaparecido. Cuando no aparece el cuerpo es muy difícil hacer un duelo. Eso es particularmente notorio en los asesinados en las cunetas en la Guerra Civil.

El silencio y el miedo

El silencio en la postguerra se achaca  frecuentemente al miedo a la represión franquista. No es esa la única razón. Franco murió ahora hace 40 años. No es hasta esta última década que muchas de las familias de víctimas han empezado a contarse las historias, a hacer exhumaciones de los abuelos y a hablar en prensa. Es ahora cuando aparecen en prensa muchas esquelas de asesinados que no las tuvieron hace ochenta años. También es ahora cuando se están haciendo rituales familiares de enterramiento con los restos, hasta ahora desaparecidos.  Parte del silencio tiene que ver con la vergüenza y la culpa. Sergio Lucero, compañero psiquiatra chileno que estuvo en los campos de concentración de Pinochet en el 73, me decía hace un par de meses que no había empezado a hablar de ello hasta el año 2008. Cuando le pregunté por qué, el me dijo: “la vergüenza y la culpa, igual a la que sienten las víctimas de acoso y malos tratos”.

Yo, he empezado a investigar este tema  a partir de 1999 y a trabajarlo profesionalmente en mayo del 2008. Tuve que asistir a un congreso internacional en Londres en 1999 para entender lo que pasaba aquí, basándome en lo que compañeros habían elaborado de fenómenos similares fuera de España. En un congreso de psicodrama el 2008 en Granada, planteé, junto con mi colega Rubén Estandía, realizar un taller sobre las huellas emocionales transgeneracionales de la Guerra Civil. Sentía miedo físico a un enfrentamiento. Hoy me río. Hoy planteo un taller en San Sebastián y siento la presencia del miedo cuando me dicen que es pronto. Mi lectura es que es un miedo en buena parte de tipo emocional correspondiente a una fantasía cataclísmica como la que sentíamos mi colega y yo antes de empezar el taller. Pero no solo mi colega y yo. La gente tenía que apuntarse al taller en una hoja. Antes de empezar había unos cuatro apuntados y con algunos tachones: parecían corresponder a personas que, tras anotarse, habían cambiado de idea. Lo leímos como ambivalencia ante participar o no. Iniciamos el taller, la gente fue acercándose, mirando vacilantes desde la puerta, hasta que el taller se llenó.

Otra experiencia conectando el trauma de la Guerra Civil y el de la violencia entorno a ETA. Hace un par de años, diseñé un taller tratando de conectar ambos temas. Fue en el Palacio de Aiete. Asistió mucha gente. No obstante, solo hubo una alusión a la herida emocional que había dejado el tema terrorista a nivel personal y familiar. Es decir: silencio.

                                   Goyo Armañanzas Ros.   Email: go@gruposyorganizaciones.com

 

Psicodrama transgeneracional. Mayo 2016 – Pamplona

 

 

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