¿ENSEÑAMOS A CREAR O ENSEÑAMOS A COPIAR? CREATIVIDAD Y PSICODRAMA

CREATIVIDAD Y PSICODRAMA

¿Qué es la creatividad? ¿Somos realmente creativos?

El Psicodrama tiene dos pilares básicos: la creatividad y la espontaneidad. Tengo que centrarme para no confundir ambos conceptos. No me es posible concebir el uno sin el otro.

Ser espontáneo es no pensárselo mucho, actuar sin dilación, dejar las consideraciones racionales a un lado.

Ser creativo es producir algo nuevo. Empezamos nuestra formación profesional aprendiendo y copiando. Podemos aplicarlo a la información en Psicodrama, en psicoterapia, o en cualquier otro campo de intervención con personas y grupos. Empezamos imitando.

Como seres humanos, empezamos imitando el andar de nuestros padres o su forma de expresarse. Nuestras neuronas espejo nos hacen imitar matices de los que no somos conscientes. Nos hacen imitar internamente  mucho antes de que la acción se ejecute, si alguna vez lo hace. Moreno llama a ese copiar “conserva cultural”. Nos dice: “la conserva cultural se propone ser el producto terminado y como tal ha asumido una calidad sagrada”. La conserva cultural procede de un acto creativo que se dio en un momento dado. Posteriormente fue copiado por otros pasando a conserva cultural.

Los niños son esponjas que lo absorben todo. ¿Dejamos de copiar e imitar alguna vez? Mi respuesta es no. Dicho esto, podemos tal vez hacer algo sobre lo que hemos copiado e imitado. Podemos dar un paso más sobre esa base. A es llamo yo creatividad. Es pues en realidad, una hija de la imitación.  En cualquier caso, es un salto hacia delante.

Esta cuestión tiene unas implicaciones en cuanto a nuestro narcisismo profesional.  Lo satisfacemos más si nos consideramos creadores desde la nada y en oposición a la conserva cultural que si consideramos que nuestra creatividad nace de la conserva cultural y gracias a ella. Los egipcios solo sabían dibujar y grabar la figura humana de perfil. Alguien aportó creativamente las representaciones humanas en diferentes visiones y escorzos. Utilizamos esa conserva cultural para seguir creando.

¿De dónde procede la posibilidad de dar ese salto hacia adelante? Una fuente importante de la espontaneidad está en tener una confianza en los propios procesos mentales inconscientes. Confiar en que si nos lo permitimos, surgirá algo interesante, bonito, del que aprenderemos. Suele ocurrir que en un taller de Psicodrama en el que tenemos ya pensado una o varios ejercicios o propuestas, nos surge en la mente algo diferente, ir por otro lado. O puede ocurrir que tenemos el pálpito de que el grupo no está en ese momento para ello.  Algo nos chirría.

Tenemos frente a nosotros una propuesta espontánea. Algo en nosotros nos está hablando. Es el momento del cruce de caminos. Podemos elegir el camino conocido: el ejercicio pensado anteriormente con tranquilidad, teniendo en cuenta el contexto del grupo que nos han dado: número de personas, entidad institucional, objetivo del taller, datos de los componentes, contexto social, etc. Hemos pensado unas propuestas que pueden ser tomadas de otras que nos han enseñado o contener elementos nuevos fruto de un trabajo creativo. Ese trabajo creativo puede no ser espontáneo sino fruto de la reflexión acerca del grupo de cómo lo imaginamos, de otras experiencias anteriores, etc. No todo trabajo creativo es espontáneo.

Si elegimos el camino de lo previamente proyectado, estamos dejando el camino de la creatividad espontánea. La sugerencia o señal interna que nos ha aparecido en un momento de la experiencia psicodramática (ya sea en un contexto grupal, individual o de pareja) puede ser una señal muy débil, que pase casi desapercibida. Tal vez reflexionando posteriormente la experiencia podemos recuperarla. La situación de coordinar un grupo está cargada de presión y responsabilidad y no es extraño que, debido a ello, pasemos inadvertidamente por las señales que nos llevarían a caminos más creativos y espontáneos…

Pero más inciertos. Si elegimos el camino de la creatividad espontánea haciendo caso a esa señal, esa ocurrencia de hacerlo de otra manera, necesitamos confianza en nuestros propios procesos inconscientes, confiar en algo sin razonarlo ni entender de donde puede venir.

Un lanzarse confiando también en el paracaídas que puede ser el grupo. Puede entenderse que ese pensamiento es en parte un emergente que procede del sentir del grupo.  Utilizamos los fenómenos “tele” de Moreno, en los que nos comunicamos con el grupo de inconsciente a inconsciente. Se puede compartir la idea y evaluar la respuesta del grupo.

La propuesta alternativa puede aparecer en la mente como parte de un archivo mental de propuestas aprendidas anteriormente. Podríamos decir que es una propuesta espontánea y dudar de si eso es creatividad.

Podríamos modificar una propuesta aprendida anteriormente, mezclando propuestas aprendidas o añadiendo ideas nuestras.

Un gesto mayor de confianza en uno mismo y en el grupo es no seguir el guión previo y tolerar el vacío de propuesta compartiéndolo con el grupo. Se puede explorar con el grupo la siguiente propuesta.

El Psicodrama en general es una técnica directiva que se basa en las propuestas del director. Esto es algo paradójico pues esa dirección va encaminada a crear un marco, un continente”, dentro del cual el grupo pueda encontrar sus caminos y resolver sus necesidades. Dicho de otra manera, el director dirige para facilitar que el grupo se dirija en la búsqueda de sus objetivos. El director  dirige para ser dirigido.

Si se pasa con la mano, matará a la gallina de los huevos de oro, seguirá más su camino que el camino del grupo. Asfixiará la creatividad del grupo. La creatividad grupal se suele abrir camino de forma vacilante con aportaciones aquí y allá que el director utilizando todos los recursos de su sensibilidad va recogiendo y devolviendo.

La creatividad del director y la creatividad del grupo (o del resto del grupo, teniendo en cuenta que el director es también parte de él) pueden trabajar de forma sincronizada o no.

Si trabajan de forma sincronizada supondrá un previo trabajo cohesión grupal.

Pudiera ser que la creatividad del director ahogara a la del grupo. Pudiera ser que la creatividad del grupo ahogara o mejor, hiciera innecesaria la creatividad del grupo.

No olvidemos que la creatividad debe estar al servicio de los objetivos que ese grupo tiene establecidos: aprender una técnica, resolver conflictos, explorar un tema social, desarrollar liderazgo, revisar la tarea, etc.

Si esa creatividad grupal se aleja del objetivo, debe ser el director el que mueva el timón hacia el puerto.

La creatividad  proporciona el placer de sentir que todos tus recursos conscientes e inconscientes trabajan armónicamente.

Salpimentando con la espontaneidad recordaré una anécdota de Matise.

El conocido pintor entró a un bar con un amigo, se sentaron y en unos minutos  hizo un boceto de una mujer que estaba sentada enfrente.

El amigo le hizo notar lo que podría cobrar por un boceto que le había costado tan poco tiempo hacer. Matise le corrigió: “me ha costado 40 años”.

Repito: ser espontáneo es no pensárselo mucho, actuar sin dilación, dejar las consideraciones racionales a un lado.  Pero la espontaneidad que yo valoro en el trabajo no es esa espontaneidad más o menos descerebrada que se parece a la “tempestad de movimientos”. La espontaneidad que admiro es aquella que aparece después  de haber mezclado en las bodegas con todos los demás caldos que nos conforman.

Esta es la espontaneidad que surge después de haber aprendido y hecho inconsciente todo ello. Si es así tenemos que redefinir el concepto de espontaneidad y decir que es aquella que actúa sin reflexión consciente, confiando en los propios procesos inconscientes. Es lo que yo llamo la espontaneidad útil.  Otro desafío al narcisismo: no nacemos espontáneos útiles, nos hacemos espontáneos útiles tras aprender, errar, elaborar nuestros conflictos y llegar a confiar.

 

Goyo Armañanzas Ros                                                                     go@gruposyorganizaciones.com

16 de octubre de 2014


 

* Este artículo se escribió para acompañar al taller “¿Enseñamos a crear o enseñamos a copiar”, dentro de la XXIX Reunión  de la Asociación Española de Psicodrama(AEP) Murcia 24-26 de noviembre de 2014. En él experimentamos el conflicto entre creatividad del director y creatividad del grupo. Como director empecé caldeándome yo en adquirir la confianza en el grupo: la confianza está en la base de la creatividad.

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