TRANSMISIÓN INTERGENERACIONAL DEL TRAUMA DE GUERRA

Por Gregorio Armañanzas Ros

En España como en otros muchos países estamos viviendo un conflicto violento en relación al País Vasco.

Para mi hay una conexión obvia con nuestro conflicto anterior: la guerra civil española (1936-1939).

Muchas personas niegan esa conexión. Pueden decir que la guerra ocurrió hace 60 años. También que Franco murió en 1975 y hay mucha gente joven que no conoció la dictadura.

Esto me evoca el conocido fenómeno de la “conspiración de silencio”.

Pero, ¿qué paso en el seno de las familias?. ¿Hay alguna conexión entre las personas que usan hoy la violencia (política, policial, terrorista, etc) y su historia familiar durante la guerra?.

La pregunta es: ¿cómo ha afectado el trauma a los hijos y nietos? ¿Qué tipos diferentes de reacciones y patrones podemos encontrar? ¿Es posible encontrar a nivel familiar la forma en que la violencia, el temor, etc, se ha transmitido?.

Para responder a estas preguntas he entrevistado a varios nietos (tercera generación) cuyos abuelos murieron en la guerra. He revisado también la bibliografía sobre el tema.

Algunas razones sociales para la conspiración del silencio

Hay que decir que estos temas son de alta sensibilidad: quiero decir que cuando alguien habla de traumatización y víctimas, el otro puede sentir culpa y vergüenza. La victimización es una arma muy “interesante” para ser usada contra los enemigos. En este sentido los grupos sociales pueden tratar de mantener abiertas sus heridas y sus duelos.

Volkan V. (2000) habla sobre el “trauma elegido” por medio del cual un trauma se mantiene en la memoria del grupo: puede transformarse en un elemento importante de identidad por parte del grupo afectado. Años, incluso, siglos después, cuando el grupo afronta nuevos conflictos con nuevos enemigos esto reactiva el trauma elegido con el objetivo de consolidar la identidad amenazada del grupo.

Muchos autores hablan de conspiración de silencio. Shatan Ch. (2001) dice:

“Todo tipo de supervivientes son silenciados y la experiencia tiende a ser olvidada y a desaparecer. Se les mira por parte de los otros en la vida diaria como tocados por la muerte y por ello como peligrosos”.

Hablaré más adelante acerca de las razones individuales de la conspiración de silencio.

 *Comunicación presentada en la “Regional Mediterranean Conference of the International Association of Group Psychotherapy”. Zadar (Croacia) Agosto 2001

Actitudes de los supervivientes

Considero superviviente a todas las personas que vivieron la guerra y no murieron. Estos son los judíos que vivieron los campos de concentración, las viudas de los hombres que murieron en la guerra, personas que fueron testigos de las muertes, etc. Estos constituyen la primera generación.

Shantan Ch. (2001) habla acerca del duelo congelado. Es la incapacidad por parte de los supervivientes de vivir los sentimientos, sobre todo acerca de sus perdidas. Es un tipo de anestesia emocional. Pueden describir los hechos pero no se acompañan de tristeza o lágrimas.

Como consecuencia de ello, repiten la historia una y otra vez. Shantan Ch. (2001) nos dice que es una defensa ante un extraordinario dolor. Y comenta algo que ocurrió recientemente con motivo del movimiento autonomista de Québec. Aumentó entre los judíos de Québec el número de demandas de tratamiento por cuadros de paranoia. Comenta también como muchos judíos que vivieron los bombardeos nazis, los recordaron por primera vez con motivo de la Guerra del Golfo. Lo considera  un estrés postraumático congelado durante 47 años.

Laurence L. (1998) nos da una clara descripción acerca de la ambivalencia de los supervivientes:

“Si no fuéramos eternos antes, lo somos tras el holocausto; en un sentido positivo y negativo a la vez. Nosotros no sólo hemos sobrevivido, nos hemos dado la vida a nosotros mismos. En una forma muy real , hemos vencido. Pero en una forma muy real hemos perdido. Nunca recobraremos lo que perdimos”

Entre las pérdidas personales esta la pérdida de la confianza en la humanidad. Este daño no se detecta fácilmente.

Las víctimas se sienten culpables por sobrevivir. También sienten una gran ansiedad por reconstruir sus vidas. Este nuevo comienzo es vivido como deslealtad a los muertos. (Lacapra D., 1994) (Volkan V., 2000).

Muchos autores hablan acerca de los sentimientos de culpa de los judíos supervivientes de los campos de concentración: auto acusaciones basadas en una supuesta pasividad y abandono. Esto mantiene su rol de víctimas.

Elle Wiesel (1994) nos dice: “los corazones de los supervivientes han servido de tumbas para los muertos en el holocausto, los conocidos y los innumerables desconocidos que fueron transformados en cenizas y de los que no hay tumbas. No sólo los supervivientes también sus hijos comparten este sentimiento”.

Los supervivientes pueden evitar hacer el duelo y el pasar la página porque hacer esto podría suponer el olvido y esto podría significar la perpetuación de los crímenes nazis. Esto esta muy cerca de la utilización del rol de víctima como venganza.

Van der Kolk, B (2001 habla de su dificultad en tomar un rol activo en sus vidas. La necesidad de mantener su nueva identidad como víctimas puede verse reforzada por el clima social y los beneficios secundarios (Armañanzas G, 2001).

Danieli (1994) nos habla de cuatro tipos diferentes de adaptación familiar: las familias víctima, las familias luchadoras, las familias anestésicas y las familias “those who made it” (las familias judías que salieron sin víctimas).

Las consecuencias psicológicas del trauma amenazan tres pilares básicos (Ancharoff M et al, 1998):

–          El mundo es benévolo

–          El mundo tiene sentido

–          El yo es valioso

La transmisión del trauma

Ancharoff M. (1998) establece cuatro mecanismos diferentes de transmisión del trauma: silencio, exceso de apertura, identificación y repetición.

–          Silencio

Muchos supervivientes eligen el silencio como una forma de proteger a sus descendientes. Aceptar el daño psicológico, contar los horrores, puede ser vivido como una segunda victoria del enemigo.

También necesitan negar el efecto del trauma en sus hijos: ellos son su futuro y su esperanza (Danielli Y., 1998). Si no niegan esto ellos se sentirán culpables de transmitir este daño.

En otros casos el silencio es un mecanismo de defensa con el objetivo de negar sus sufrimiento y continuar con sus vidas normales. No pasó nada. Pero muchas veces el silencio transmite mucho más internamente que las palabras.

“El silencio y los secretos familiares, así como los mitos familiares constituyen uno de los mecanismos mas efectivos para asegurar el impacto de la problemática familiar del pasado. Esto es cierto en las familias de supervivientes, agresores y Nazis”.

(Rosental G. y Volter B., 1998)

Danieli nos habla sobre la conspiración de silencio. Incluye en ello a los terapeutas.

El silencio transmite normas, mitos y meta-mensajes, sin ninguna posibilidad de ser cuestionados.

Para proteger a sus descendientes los supervivientes les disuaden de hacer preguntas.

Un silencio parcial puede ser una variante de este mecanismo. Los niños pueden conocer sólo algunos detalles. Ellos tratan de completar los espacios vacíos con el objetivo de sentirse mas cerca de sus padres.

Su fantasía les puede llevar a imaginar realidades mas duras de las que en realidad fueron.

Ruedenberg-Wright L. (1994) nos dice:

“Todos tenemos un telón de fondo de nuestras vidas. Nacemos en una escena. Si esta escena es escondida o al contrario muy presente y amenazadora, interfiere en diferentes formas en nuestro desarrollo físico, emocional, social y espiritual. Demasiado misterio actúa como un agujero negro que nos quita nuestra energía y atención. Demasiada información puede ser atemorizante y sobrecogedora. En ambos casos perdemos el sentido del yo. Necesitamos una comprensión del contexto en el que hemos nacido para poder diferenciarnos como protagonistas de nuestras vidas”.

El silencio aísla a los supervivientes y hace el duelo más difícil. (Danieli Y., 1988).

El silencio impide a los niños el conocer la fuente de los tormentos de la familia y también de sus propios sentimientos de culpa.

Estos niños llevan la carga de recuerdos que no son suyos (Averham N.y Lamb A., 1988).

Los secretos familiares están estrechamente relacionados con el tipo y calidad de la comunicación dentro de la familia.  Pueden aparecer conflictos entre querer y no querer saber. Este tipo de comunicación puede tener consecuencias importantes en el mundo interno e interpersonal de los hijos (Or Den Velde W. 1998).

–          Excesiva apertura

Compartir de forma muy cercana la experiencia de la víctima puede aliviar el gran aislamiento de esta. Pero por otro lado puede crear “Traumatización vicaria” en otras personas no preparadas para compartir la experiencia.

Danieli nos habla sobre este tipo de traumatización que también se puede dar en los terapeutas.

Los padres deben comunicar sus experiencias. El efecto que pueda tener en sus hijos dependerá de la integración que hayan hecho los protagonistas de ella y del momento en el que los niños reciben la información. Es necesario una adaptación a la edad y recursos del niño. Es difícil escuchar acerca del dolor y el miedo vivido por las personas en las cuales basan los niños su seguridad. Muchos hijos y nietos rechazan conocer detalles sobre sus antecesores en este sentido.

También es impactante escuchar los detalles sin que los acompañe ninguna emoción.

–          Identificación

Los niños suelen tratar de sentirse responsables por el estrés de sus padres. Piensan que si fueran suficientemente buenos sus padres no se sentirían tristes o agresivos.

Cercano a esto esta el fenómeno de los niños parentificados, hijos de madres alcohólicas o depresivas (Ancharoff M. et al, 1998). Estos niños asumen el rol de cuidador de su padre. Pero asumir el rol de cuidador del que tiene que cuidar puede generar mucha ansiedad.

He encontrado este fenómeno entre hijos huérfanos de la segunda generación y sus propios hijos (tercera generación). “Yo he sido mas una madre para mi madre que una hija”, comenta una de ellos.

En esta línea he encontrado frecuentemente profesiones de ayuda entre los nietos de personas muertos en la guerra: doctores, enfermeros, psicólogos, etc.

Felsen I. (1998) encuentra esta actitud que el llama “rescatador”, muy presente.

En un estudio sobre descendientes del holocausto, encuentra un 20% de estas personas trabajando en salud mental. En la población general encuentra un 12%.

La víctima pasa inconscientemente a sus hijos el concepto de que el mundo es peligroso, hostil y no digno de confianza. El daño puede ser muy sutil y difícil de explorar. Uno de los nietos decía:

“Tengo una especial sensibilidad hacia la traición. La imagen de mi abuelo me viene a la mente. Ellos no te matan físicamente pero si pueden te aniquilan.”

Asumir el rol de “rescatador” plantea dificultades en el logro de la independencia y autonomía (Ruedenberg-Wright, 1997).

Hay dos diferentes opciones ante esto (Den Velde W., 1998):

–          Mantener la situación de dependencia quedándose en casa

–          Separarse tras una fase de conflictos con los padres. Esto hace aparecer sentimientos de culpa y conflictos con las figuras de autoridad.

Uno de los nietos es un A.T.S. hombre. No trabaja como enfermero, trabaja como conductor de camión. Esta es una profesión que yo considero puede ser muy nómada y permite irse lejos de casa. Actualmente esta considerando volver a su profesión de A.T.S.

Los padres pueden sentirse culpables por hacer vivir sus propios problemas a la familia. Pueden aislarse para proteger a los niños.

En esa búsqueda de los padres, este aislamiento puede estimular en los niños la identificación con los problemas del padre. Pueden llegar a sentir la misma culpa por sobrevivir que sus padres. Esto facilita su conexión con ellos.

Volkan V. (2000) nos cuenta la historia de una madre que vivió en un campo de concentración con una hija de 16 años y dos hijos mas. Ella estaba preocupada acerca de la alimentación de sus hijos. La hija dejó de moverse físicamente y se hizo obesa. Mostraba de forma continua una sonrisa congelada. Trataba de tranquilizar a su madre. La madre nunca le habló de sus preocupaciones.

Los niños tienen una fuerte tendencia a unirse a sus padres en su sufrimiento (Gunthard W., 2001). Esta tendencia a la identificación es el mecanismo complementario en los padres de proyectar las partes que rechazan en ellos mismos.

Los padres pueden rechazar sus sentimientos de culpa, vergüenza, rabia, auto -imagen dañada, etc.

Algunos niños de la segunda generación  se ven sobrecogidos por fantasías agresivas asociadas con atacar a sus padres de la misma forma que hicieron los agresores (Aarts P., 1998)

El manejo de la agresividad se hace con dificultad en los descendientes. Muchos autores apuntan en el sentido de inhibición de la agresividad.

Los padres generalmente sienten amor y odio hacia sus hijos. Pero los padres que han sido brutalmente atacados toleran muy mal su propia agresividad. Conocen las consecuencias de la agresividad en ellos mismos. De la misma forma la agresividad en sus hijos es demasiado amenazante porque evoca su propia rabia y la de sus agresores (Averham N. y Lamb A., 1998).

Los padres pueden mostrar a sus hijos que su agresividad es mala. El niño internaliza una imagen de maldad que genera sentimientos de culpa. De esta forma esquema agresor-víctima continua.

El mecanismo de identificación proyectiva puede hacer a los niños internalizar diferentes imágenes. Y todo esto basado en el amor.

Esto puede estar en el fondo de las actuaciones (acting out) de los conflictos por parte de los hijos (repetición, síndrome del aniversario, etc).

Volkan V. (2000) nos habla de este fenómeno como similar al del “niño de reemplazo”.

Cuando nace un niño tras la muerte de un hermano, los padres pueden tener la fantasía de que el recién nacido cumplirá las expectativas y la idealización del que murió. Frecuentemente el recién nacido recibe el nombre del muerto. El niño puede tener diferentes respuestas. Puede absorber la identidad que se le ofrece. Puede desarrollar una personalidad borderline. Puede tratar de lograr la excelencia y la notoriedad (debe acercarse a un mito).

Tras la violencia los niños deben cumplir varias tareas: mantener vivo el trauma de los padres, hacer el duelo de su pérdida y devolver la humillación sufrida o tomar venganza (Volkan V., 2000).

Algunas condiciones sociopolíticas pueden decidir el tipo de tarea que asume la segunda y subsiguientes generaciones.

Es dudoso que aquí en España la segunda generación haya podido devolver la humillación. Tampoco parece que se haya podido hacer el duelo en un plano sociológico. Parece que es en la tercera generación cuando esta siendo posible devolver la humillación.

En algunas familias de descendientes ha prevalecido la rabia en la segunda y tercera generación. Parece que no se ha hecho el duelo. Es conocido el mecanismo psicológico por el cual la tristeza puede transformarse en agresividad. Y viceversa: mucha tristeza y aparente duelo puede esconder mucha agresividad. Cuando nos encontramos con alguien que ha perdido a un familiar en la guerra, nos podemos preguntar cuanta agresividad hay escondida por temor. El problema del manejo de la agresividad por los supervivientes ya ha sido aludido anteriormente.

El hijo puede ver a su antecesor como culpable de tolerar ser una víctima o también como a un héroe. En ambos casos le es difícil establecer un buen proceso de identificación. En el primer caso es una imagen débil. En el segundo es difícil emular a ser héroe.

–          Repetición

Los supervivientes y sus descendientes pueden repetir el trauma mas o menos simbólicamente. Esto incluye situaciones y emociones. Los familiares de la víctima pueden pensar y sentir como si ellos fueran los traumatizados o como si fueran los agresores.

Es la tendencia de la víctima a repetir situaciones que evocan similares emociones pero quizás menos intensos. Generalmente son “acting outs” inconscientes del trauma.

“Actuar el propio escenario, para librarse de él” (Miller, A., 1998).

Volkan V. (2000) habla acerca del fenómeno del “colapso temporal”:

“Los servios tendían a actuar como si Lazar hubiera muerto el día anterior en vez de hace 600 años”. Se refiere a ello a un nivel sociológico. He observado este fenómeno a un nivel psicológico. Lo llamo colapso generacional. Es como si una generación se hubiera colapsado y los nietos tuvieran la fantasía de ser los hijos de sus abuelos muertos. Un nieto al que me entreviste se refirió por un momento como “mi padre” cuando estaba hablando de su abuelo. También contaba el traslado de los restos de su abuelo 36 años después de un enterramiento. En esta narración contaba con una gran claridad el entierro y hablaba del cadáver como si realmente hubiera muerto el día anterior.

Kestemberg (1989) describe la tendencia de los descendientes de los campos de concentración a vivir en su fantasía durante el holocausto. Llama a este fenómeno “transposición”.

Ser una víctima supone una actitud pasiva. Una reacción frecuente es invertir esto adoptando un rol activo en situaciones de violencia. Es conocido que muchos violadores y personas violentas tienen una historia de violación y violencia en su infancia.

La agresividad puede ser dirigida contra chivos expiatorios (como los propios hijos) como una defensa contra la impotencia (Miller A., 1998).

“Mi madre es agresiva. Es como si por ser víctima tuviera derecho a la venganza” decía un nieto al que entrevisté.

  Una forma de mantener el rol de víctima es la actitud de algunos nietos de abandonar su derecho a tener su propio familia, de tener hijos, de tener intimidad. Se sienten bajo  el sino de no crear sus propias familias. Inconscientemente adoptan el veredicto de víctimas.

Una de las personas entrevistadas me decía: “pienso que no he tenido hijos biológicos para romper esta tragedia”.

El concepto de traumatización secundaria se refiere a este fenómeno por el cual el trauma se repite en los descendientes o en otras personas.

Un nieto entrevistado dice: “tengo miedo de llegar a ser una víctima”.

Laccappra D. (1994) dice: “en algunos casos de trauma el acting out (repetición) puede ser necesario y quizás nunca se pueda evitar completamente”.

Anne A. Shützenberger (2000) habla sobre el síndrome del aniversario:

“Si un trauma no ha sido suficientemente hablado, reconocido y expresado cuando ha ocurrido, quedan trazos de él en la familia que vuelven a la superficie incluso 50 o 100 años mas tarde. Es como si la línea familiar incorporase los horrores vividos posándolos a los descendientes”.

Ella habla de enfermedades, crisis de pánico y pesadillas con ocasión del aniversario del hecho traumático. También cuando los descendientes llegan a la misma edad que tenía el antecesor en el momento de le experiencia.

Describe como muchas personas eligen para operarse la fecha del aniversario de la muerte de sus padres o abuelos. Esto genera mucha ansiedad y complicaciones.

Van del Kolk (1989) nos cuenta la historia de un veterano de guerra: “… que encendió un cigarrillo en la noche originando la muerte de un compañero por un disparo de un Vietcong, en 1968. Entre 1969 y 1986 en el aniversario de dicha muerte y en la misma hora y minuto, el cometió un robo “armado” manteniendo la mano en el bolsillo simulando una pistola para provocar un tiroteo de la policía”.

-Otros fenómenos-

He encontrado otros fenómenos entre los nietos entrevistados.

He visto el rechazo del abuelo: “No lo siento como un abuelo. Siempre he rechazado este personaje que murió”. Es algo que le paso a ella (su madre) no a mí”.

Frecuentemente la pérdida es vivida en un código de pérdida socioeconómica.

“Ella estaba destinada (mi madre huérfana) a ser de clase alta pero se quedo en la pobreza”.

La mayor de los huérfanos de una de estas víctimas dice: “A ellos les hubiera gustado que hubiéramos muerto de hambre”. Ella construyo una empresa y disfruta enseñando sus numerosas joyas.

Dos de los hijos de una de esas víctimas entraron en un cuadro depresivo con motivo de una crisis económica. En su familia estaba muy presente la simbolización económica de la pérdida.

Una huérfana estaba muy interesada en mantener buenos contactos sociales. Entre sus relaciones estaban personas de la derecha, militares, etc. De alguna manera personas que simbolizan a los que asesinaron a su padre.

Esto me evoca el tema de los contactos entre descendientes de agresores y de víctimas. En un pueblo es notoria la frecuencia de matrimonios entre huérfanos de la guerra y personas de la derecha política. En otro caso un huérfano fue dejado para ser cuidado por una familia de militares. Algo que evoca al fenómeno de los huérfanos adoptados por la junta militar en Argentina.

Teniendo en cuenta estos fenómenos y su evolución, aventuro algunas posibles explicaciones:

-. Necesidad de enterrar la herida

-. Necesidad de proteger a los niños del trauma. Necesidad de compensar los propios sentimientos con los sentimientos del otro lado.

-. Síndrome de Estocolmo. Identificación con el agresor. El profundo temor a la violencia hace identificarse con el agresor, el dueño de la vida y de la muerte.

-. Venganza. Necesidad de venganza, de ser agresivo con la pareja en la segunda generación..

Algunas posibles historias de restauración

Una nieta viendo a su propio hijo (cuarta generación) realizando una demostración de danza en un contexto de clase alta, decía: “Tuve un pensamiento loco…… (duda si contármelo o no, insegura de sus pensamientos) sentí que estaba restaurando la memoria de mi abuelo”. Desde su abuelo se había mantenido una línea de afición por la música.

Otro nieto fue a trabajar a la ciudad donde su abuelo fue encarcelado y muerto. En el trabajo tenía un cargo de responsabilidad. El sentía que su abuelo fue muerto como un pobre trabajador.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

  • AARTS P.: In Danieli Yael (ed), “International Handbook of Multigenerational legacies of Trauma”. Plenium Press. New York 1998.
  • ANCHAROFF M. ET AL: in Danieli Yael (ed), “International Handbook of Multigenerational legacies of Trauma”. Plenium Press. New York 1998.
  • ARMAÑANZAS, G.: “Working with victims”. Presented at he 14th International Congress of the I.A.G.P. Jerusalen 2000. Not published
  • AVERHAM N. and LAMB A.: in Danieli Yael (ed), 1988 “International Handbook of Multigenerational legacies of Trauma”. Plenium Press. New York 1998.
  • DANIELI, YAEL: “As survivors Age: Part 1”. NCP Clinical Quartely (1): Winter 1994.
  • DANIELI, YAEL: “As survivors Age: Part 2”. NCP Clinical Quartely (1): Winter 1994.
  • DANIELI, YAEL: “International Handbook of Multigenerational legacies of Trauma”. Plenium Press. New York 1998.
  • FELSEN I.: In Danieli Yael (ed), “International Handbook of Multigenerational legacies of Trauma”. Plenium Press. New York 1998.
  • KELLERMAN, P.F. and HUDGINS, M.K., compil: “Psychodrama with trauma survivors”. Jessica Kingsley. London 2000.
  • KESTENBERG J.S.; “Healing their wounds: Psychotherapy with Holocaust Survivors and their families Praeger” . In P. Marcus and Rosenberg (Eds). New York, 1989.
  • LACAPRA, DOMINICK: “Representing the holocaust”. Cornell University. New York. 1994.
  • LAWRENCE, L.: “Holocaust testimonies: the ruins of memory” New Haren: Yale University Press.1998.
  • MILLER, ALICE: “The childhood trauma”. Lecture at the Lescington 92nd street YWHA 22 October, 1998.
  • OR DEN VELDE W.: in Danieli Yael (ed), “International Handbook of Multigenerational legacies of Trauma”. Plenium Press. New York 1998.
  • ROSENTAL G. and VÖLTER B.: in Danieli Yael (ed), “International Handbook of Multigenerational legacies of Trauma”. Plenium Press. New York 1998.
  • RUENDERBERG-WRIGHT, LUCIA: “The second and third generations. Were do we go from here?”. Association for Jewish Studies, 29th Annual Conference. December 21-23,1997 Boston MA.
  • SCHEFF, THOMAS J.: “Bloody revenge. Emotions, nationalism and war”. West view Press. Oxford 1994.
  • SCHÜNTZENBERGER, ANNE A: in Kellerman P.F. and Hudgins M.K. (ed), compil: “Psychodrama with trauma survivors”. Jessica Kingsley. London 2000.
  • SHATAN, CHAIM: “Boletín nº 0 de la Sociedad Española de Psicotraumatología y Estrés Traumático”. Madrid. Enero 2001.
  • SIMPSON, M.: In Danieli Yael (ed), “International Handbook of Multigenerational legacies of Trauma”. Plenium Press. New York 1998.
  • VAN DER KOLK, BESSEL A.: “Boletín nº1 de la Sociedad Española de Psicotraumatología y Estrés Traumático”. Madrid. Enero 2001.
  • VAN DER KOLK, BESSEL A.: “The compulsion to repeat the trauma. Reenactement, Revictimization and Masochism” Psychiatric of North America, Volume 12, Number 2, Pages 389-411. 1989.
  • VOLKAN, VAMIK. V: “Traumatized societies and Psychological care: Expanding the concept of Preventive Medicine”. Mind and Human Interaction. Volume 11. 2000.
  •  WEBER GUNTHARD: “Felicidad dual. Bert Hellinger y su psicoterapia sistemática”. Editorial Herder. Barcelona 2001.
  •  WIESEL, ELLE: in Danieli Yael (ed), 1994  “International Handbook of Multigenerational legacies of Trauma”. Plenium Press. New York 1998.
Anuncios
Esta entrada fue publicada en Sin categoría. Guarda el enlace permanente.