EL PODER Y LA DIRECCIÓN

ulisesPODER Y DIRECCIÓN

Hace unos meses me pidieron que escribiera algo sobre trabajo en equipo y liderazgo para una revista de una Consejería de Salud.

Yo me fui a la Odisea. Y concretamente al pasaje de Ulises y las sirenas.

“Circe avisó a Ulises de los peligros que correría al pasar por la isla de las Sirenas, cuyas bellas voces encantan a todos los que navegan por las cercanías.

Le aconsejó que tapara con cera de abeja los oídos de los marineros. Él, para poder oír a las sirenas, debía hacerse atar al mástil con cadenas. Así lo hicieron. Cuando pasaron junto a la isla de las Sirenas, estas cantaron tan dulcemente, prometiéndole el conocimiento previo de todos los futuros acontecimientos de la tierra, que gritó a sus compañeros que le soltaran, pero, obedeciendo sus ordenes anteriores, lo único que hicieron fue atarlo todavía más fuertemente al mástil”.

 He visto siempre en este pasaje de la Odisea, un maravilloso ejemplo de trabajo en equipo. Todos trabajan en coordinación para seguir adelante. Ulises, el líder, les da las pautas en base a la información obtenida de Circe.

Los marineros desarrollan su tarea manteniendo en el horizonte la información de que disponen y el objetivo. La isla es peligrosa y cumpliendo sus órdenes le amarrarán para que se mantenga en el objetivo. El objetivo era la salvación de todos.

Moraleja: todos estamos al servicio de los objetivos del equipo: mejor calidad, reducir listas de espera, reinserción de usuarios, etc.

Ulises fue tentado por las sirenas para que siguiera un interés particular (conocer el futuro) en detrimento del interés general. El verdadero liderazgo sólo se ejerce si enfoca al interés general. Ulises sabía los peligros de ser líder y les instruyó para que sólo asumieran las órdenes que tenían un sentido, que estaban alineadas con los objetivos conjuntos. Sabía que habría horas bajas y les instruyó para que no le escucharan en esos momentos. Y es entonces cuando los marineros ejercen su función y ayudan al líder a mantenerse en el rumbo. Vemos pues, que entre el coordinador de un equipo y los demás miembros de éste, se ejercen roles complementarios necesarios para integrar una buena navegación. Nadie es más que nadie. Aunque, como vemos, la tentación que se le tiende a Ulises es de tipo vanidoso: conocer el futuro, algo que no conoce nadie. En la función de coordinación estamos amarrados a los objetivos del equipo y no podemos salirnos de ellos. Amarrados al mástil que da la fuerza al barco para avanzar.

En esta narración, Homero no nos dice las especialidades de los marineros. Seguro que había algún especialista carpintero, para reparar los daños en el maderamen, o algún especialista en velas y cabos, o algún especialista en pescar y proveer de comida. Todos ellos eran antes que eso, miembros del equipo de Ulises. Y por eso lo consiguieron.

 Frecuentemente fragmentamos nuestros equipos. Que duda cabe que somos eso, pero si no somos ni vemos ante todo el barco en el que estamos, perdemos una fuerza que ya no podemos derrochar. Dificultades hay muchas, no hay duda. A Ulises le quedaba un largo camino hasta llegar a Itaca. Pero los retos actuales (control del gasto, calidad en la atención, etc) son difícilmente abordables sin equipos motivados. Necesitamos entender más las dinámicas internas de las organizaciones. Seguimos teniendo una tendencia a personalizar los problemas que en ellos se dan. La función de dirigir es una función solitaria en cierto sentido. Juan Ramón Jiménez nos evoca en el siguiente pasaje de “Platero y yo” la soledad e incomprensión que se vive frecuentemente en situaciones de mando y liderazgo.

 EL LOCO

Vestido de luto, con mi barba nazarena y mi breve sombrero negro, debo cobrar un extraño aspecto cabalgando en la blancura gris de Platero.

Cuando, yendo a las viñas, cruzo las últimas calles, blancas de cal con sol, los chiquillos gitanos, aceitosos y peludos, fuera de los harapos verdes, rojos y amarillos, las tensas barrigas tostadas, corren detrás de nosotros, chillando largamente:

–         ¡El loco! ¡El loco! ¡El loco!

……Delante está el  campo, ya verde. Frente al cielo inmenso y puro, de un incendiado añil, mis ojos

– ¡tan lejos de mis oídos!- se abren noblemente, recibiendo en su calma esa placidez sin nombre, esa serenidad armoniosa y divina que vive en el sinfín del horizonte …

Y quedan, allá lejos, por las altas eras, unos agudos gritos, velados finamente, entrecortados, jadeantes, aburridos:

–         ¡El lo… co! ¡El lo… co!

El coordinador tiene muchas veces que escuchar ese “el loco, el loco”, tolerarlo y entenderlo, sin dejarse influir por él.

 Hace unos días en una reunión de mandos estábamos trabajando sobre este tema. Uno de ellos me preguntó: ¿por qué nos influye tanto el que dirán?

En esa misma reunión un mando se planteaba confrontar con su actitud a un compañero quemado, mayor y un tanto boicoteador. Veíamos como la respuesta de ese trabajador cínica y cortante, le bloqueaba para hacer su intervención.

 Voy a comentar algo acerca del poder en la función directiva o de coordinación.

 ¿Qué es el poder?

He visto utilizar esa palabra de muy diferentes maneras. Hace unos pocos años en un congreso una conferenciante habló del poder. Ella utilizó el concepto de poder como sinónimo de manipulación, de abuso en la relación con los otros, de coacción, etc.

Quedaros con este concepto de poder, pues muchas personas nos chantajean y coaccionan cuando ejercemos funciones de autoridad acusándonos de que ejercemos ese tipo de poder. De esta forma, si no estamos atentos, nos neutralizan en nuestro rol de coordinar tareas.

López Yarto nos dice;

“Muchos años de sumisión autoritaria no del todo inocente y una explosión de libertad rápidamente adquirida y quizá no del todo asimilada, han engendrado sentimientos de desencanto cuando se piensa en poder”.

No creo que sean sólo las razones históricas a que alude este autor, las que condicionan esta postura. Tomemos pues otra definición de poder. Poder es la herramienta con la que ejercemos nuestra función directiva. Ese poder que nos critican es en realidad una lucha de poder. Cuando nos dicen: “estás ejerciendo el poder, eres autoritario, tú no mandas”, etc, se esta produciendo en realidad una lucha por el poder en el equipo o la organización. Tengo un ejemplo propio reciente.

 Soy presidente en este momento de la comunidad de vecinos en la que vivo. Termino el cargo en quince días.

¿Quién creéis que tiene el poder en esa comunidad?

¿Se os ocurre? ¿Alguien puede decir lo que está pensando?

Muchos de vosotros tendréis una experiencia similar en vuestras comunidades.

Bien, también en mi comunidad el que tiene el poder es el portero.

He visto el fenómeno también en escuelas, centros de crónicos, etc.

¿Por qué lo tiene el portero? Porque él quiere tenerlo y porque los presidentes, uno por año no, quieren mojarse y cogerlo. Es más fácil, es más cómodo. Compromete menos.

¿Por qué muchas personas quieren coger poder mientras otras quieren dejarlo?

¿Por qué muchas personas quieren coger poder, incluso más allá del necesario para ejercer la función que tienen que realizar en su trabajo?

Todos lo sabemos de alguna manera. El poder estimula nuestro sentimiento del propio valor. Además genera reconocimientos y atenciones por parte de los demás.

Nos sentimos mejor y más queridos.

Alguien cuando fue nombrado presidente de una organización internacional me comentaba: “con este cargo siento que los demás me están diciendo a mí lo que yo no podía decirme”. Que valgo, que puedo hacer muchas cosas, etc.

¿Por qué muchas personas no quieren coger poder, incluso el que es necesario para el desarrollo eficaz de la tarea? Porque hay que asumir riesgos. Las personas pueden molestarse cuando se les dice que cosas deben mejorar de su trabajo. Se asumen responsabilidades y por lo tanto riesgos. Por eso me ocurre cuando pienso en la distribución del poder en las organizaciones públicas que me acuerdo del libro ¿Dónde está Wally? No se ve fácil donde está Wally. No se ve fácil donde está el poder. A veces coincide que las figuras de autoridad en las organizaciones tienen la proporción de poder adecuando para ejercer bien su tarea.

 En otras ocasiones no pasa eso. A veces hay que luchar para tener el poder adecuado al cargo. Es el caso de mi actual rol de presidente en la comunidad de vecinos. Os contaré alguna anécdota en este sentido. El portero ha pedido un plan de jubilación anticipada. Esta es una decisión que debe tomar la junta directiva que yo presido o la asamblea de vecinos. Él sabe muy bien que no me puede presionar o manipular fácilmente.

Hace unos días le comentó a un miembro de la junta que esta decisión ya no se iba a tomar por la junta actual y que se iba a tomar por la próxima. Este es un ejemplo de las batallitas cotidianas que todos tenemos en la lucha por el poder necesario para ejercer nuestra tarea. Debe ser la junta actual quien decida acerca de la petición del portero o quien la lleve a la asamblea. El portero nos lo puso fácil a la junta actual: nos dejamos de líos y que lo decidan otros. Siempre suele ser así: a cambio se nos facilita algo.

“No te preocupes yo me encargo”.

“¿Te parece que….?”.

En una unidad de hospitalización de crónicos era la jefa de enfermería la que tenía el poder en toda la planta. El médico responsable había cedido el poder inherente a su cargo. A cambio de eso, no tenía que preocuparse de resolver conflictos y tomar decisiones.

Naturalmente esto no quita la necesidad de delegar tareas. Otro asunto difícil de ejercer muchas veces. La delegación aunque se parece a esto, es algo muy diferente. El que delega supervisa y pide cuentas al delegado. En muchos de estos casos no es así. Sigamos con el portero. Yo que me enteré del rumor que iba difundiendo, cuando me lo encontré le confirme que íbamos a tomar la decisión sobre su petición en la próxima Asamblea de la presente junta. Y como podéis entender estas confrontaciones hay que hacerlas con delicadeza poniendo el grado de énfasis necesario, nunca mucho más. Y alejándose de acusaciones personales. Son mecanismos generales los que hacen que esto ocurra en las organizaciones y no sólo personas concretas. También es posible sobrepasarse en el ejercicio del poder.

La clave para orientarnos es ¿este poder que se está ejerciendo va dirigido a la realización de la tarea que tenemos encomendada? Un comentario acerca de la dimensión organizacional de este caso del portero.

Volvamos al portero de mi casa. El administrador dice que es muy “raro”.  Pero esa posible rareza no tendría ninguna consecuencia si toda la comunidad no le dejara manipular como le dejamos. En el ejercicio de autoridad en la función directiva estamos continuamente siendo sometidos a test por nuestros compañeros por las dificultades de la tarea, por las presiones que sufre la organización, etc.

Es pues, un desafío apasionante el superarnos en ello.

 

GREGORIO ARMAÑANZAS ROS

gar@gogestion.com

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